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Cuantificando la cultura

9 enero, 2014, en Gestión Cultural por Ignacio Granero
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Vivimos tiempos convulsos en todos los ámbitos. Llevamos varios años de crisis, con pérdida de empleos, de calidad laboral y de poder adquisitivo. La suma de todos los factores anteriores, junto a otros criterios como los recortes y la ausencia de mecenazgo, explican en gran parte el presente en el mundo de la cultura, con unos datos terroríficos de caída del consumo cultural.

El escritor Juan José Millás, gran observador de la realidad, opinaba en un artículo de el diario El País del 26 de diciembre sobre la banalidad de esta misma expresión “consumo cultural”, tan popular en nuestros tiempos, fruto de haber cosificado la cultura a unos absurdos niveles de asepsia.

Suscribo hasta la última coma del texto de Millás, en donde acierta en su análisis sobre la indecencia de resumir en cifras el acercamiento de los ciudadanos a la cultura. Es imposible medir cómo afecta a una persona contemplar una exposición de arte, o acudir a un concierto de música clásica. El consumo de agua de una casa deja un registro en forma de factura; la lectura de un libro, la asistencia a un espectáculo de danza deja otro tipo de poso en los seres humanos que no es en absoluto cuantificable. El escritor resume esta confusión entre bienes de consumo y bienes culturales en la frase: “Ir al cine, escuchar a Beethoven, leer a Dostoievski o visitar el Museo del Prado no son formas de consumo. Son formas de vida.”

En una línea parecida, otro artículo de El País del 8 de enero relata el pensamiento de Nuccio Ordine en su último libro. El filósofo italiano cree que la cultura no es utilitaria en el sentido de cualquier otro producto como el que se quiere comparar, ya que tiene beneficios que van más allá de un aprovechamiento físico.

Biblioteca de Éfeso: patrimonio cultural, histórico y bibliográfico

Biblioteca de Éfeso: patrimonio cultural, histórico y bibliográfico

Ahora bien: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cuándo hemos equiparado los productos culturales con cualquier otro tipo de producto de consumo? ¿En qué momento hemos empezado a cuantificar la cultura cómo si se pudiese trazar una estadística perfecta sobre su goce y disfrute?.

Habría que hacer una investigación exhaustiva para llegar al inicio de esta vorágine. Probablemente venga de dos vertientes: la de la -inevitable- necesidad de cuantificar económicamente un festival, una exposición, la producción de una película; y por otro de la de medir el público que acaba disfrutando de los bienes culturales durante un tiempo determinado.

Uno de los errores, por lo tanto, sería el de confundir un museo, obra de teatro o libro con las cifras que han costado y los números que generan. Está más que demostrado a lo largo de la Historia que la calidad del Arte y la Cultura no se mide en términos de éxito económico o de espectadores. La CANTIDAD ha ocultado a la CALIDAD (e incluso hay bienes culturales de calidad discutible que se ocultan debajo de éxitos comerciales incuestionables). En este punto donde posiblemente hemos perdido la perspectiva, donde ha empezado la confusión. Y para redondearlo, los medios de comunicación centran sus informaciones culturales en las cifras, lo que es más noticiable para su audiencia.

¿Y qué tiene que ver todo esto en un blog dedicado a las Redes Sociales de la Cultura? Mucho.

Por un lado, desde aquí defiendo estos canales de internet para llegar a más gente, para publicitar museos, bibliotecas, exposiciones o monumentos y definir nuestra imagen en internet. Y la audiencia social tiene sus propias métricas. Pero también defiendo no quedarnos sólo en los números, no es sólo “cuanto más mejor”, sino que muchas veces la calidad en la comunicación con los internautas hace que instituciones culturales con menos seguidores tengan un mayor engagement -el compromiso online por parte de sus fans- que otras de primera línea.

Así que, como responsables de la gestión cultural tenemos que poner nuestras redes a favor de la cultura, para hacer llegar al pequeño y al gran público el patrimonio cultural que gestionamos off y online. Porque el objetivo final para con la audiencia social tiene que ser “hacer saber”, en los dos sentidos: el de presentar al público la cultura y que éste la comprenda.

 

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