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Agile vs Waterfall

28 marzo, 2020, en Proyectos por Miguel Angel Guinea Cabrera


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La gestión ágil de proyectos se diferencia por su un enfoque iterativo para la planificación e implementación, utilizando procesos cortos. Las iteraciones son revisadas y analizadas por los miembros del equipo; son las que permiten definir el siguiente paso. Las iteraciones son breves, de máximo dos semanas en promedio.  Con la metodología ágil se identifican, ajustan y resuelven problemas de forma rápida.

La gestión tradicional de proyectos es la más conocida. Se le conoce coloquialmente como desarrollo en cascada o secuencial, este enfoque metodológico ordena rigurosamente las etapas del proceso para el desarrollo del proyecto. En esta metodología alcance y tiempo son determinantes. Destaca en sus cronogramas que usualmente, el inicio de cada etapa debe esperar a la finalización de la etapa anterior.

La gestión híbrida es la combinación de la gestión de proyectos clásica y la gestión ágil.  Sus propulsores y practicantes son expertos en las dos anteriores. El modelo es utilizado en industrias donde la innovación y competitividad son la tónica. En estos proyectos, generalmente, los períodos de desarrollo son cortos, el tiempo apremia, se debe estar en el mercado antes que los competidores. Los cambios propios del sector obligan a la constante innovación y adopción de un modelo más flexible que debe enfocarse en los resultados y sobre todo en los clientes.

La selección de un modelo de gestión de proyectos adecuado a cada industria o empresa dependerá de las circunstancias propias de la organización que decide llevar a cabo el proyecto, de su equipo de trabajo y del tipo de problema a solucionar.

En el sector tecnología y telecomunicaciones se utiliza con frecuencia el modelo de gestión ágil. En otras industrias como la construcción y espacial prefieren el modelo de cascada o secuencial. La mezcla de ambos es usual en retail y en desarrollo de productos electrónicos o digitales de consumo masivo. Lo interesante es que, en estos mismos sectores que apuestan por lo tradicional y/o ágil, se está observando una tendencia creciente a utilizar la gestión híbrida como consecuencia de la transformación digital y de los cambios que experimentamos en la actualidad.

Es preciso estudiar el entorno en el que se va a desarrollar el proyecto:

¿Es un entorno de alta incertidumbre, volatilidad, complejidad y/o ambigüedad? Si es así, puede que la mejor forma de abordar el proyecto sea mediante una metodología ágil.

Equipo de trabajo: ¿cómo ha trabajado hasta el momento? Si el equipo no tiene training ni experiencia en estos tipos de metodologías puede ser complejo de introducir inicialmente.

Experiencia: ¿qué tipo de metodología ha dado anteriormente mejor resultado para proyectos de características similares?

Compañía: ¿qué es más importante en su entorno? Personas, tecnología, procesos… En un entorno ágil se concede mayor importancia a las personas mientras que en otro tradicional el protagonismo lo copan los procesos. Cuando estos procesos son altamente dirigidos por estándares de seguridad, etc, es posible que las metodologías tradicionales puedan planificar todo el trabajo de antemano de una manera más eficaz.

Llegados a este punto ya es posible tener una idea inicial de por dónde encaminar la gestión de un proyecto, pero se puede ir un paso más allá y analizar su ciclo de vida para determinar la decisión final:

Requisitos: si estos están definidos por adelantado, antes incluso de comenzar, se podría trabajar con una metodología en cascada pero si van a ir surgiendo durante el transcurso del proyecto y tienen que ir adaptándose a un contexto cambiante de mercado, cliente o prioridades, se trataría de un proyecto cuya evolución será mejor si se usan metodologías ágiles.

Entregas: podrían darse distintos escenarios desde una única entrega final hasta entregas incrementales previamente valoradas por el cliente, en cuyo caso se solventaría mejor mediante una metodología ágil.

El cambio: también dependerá del proyecto. Éste es restringido en metodologías en cascada mientras que en metodologías ágiles se incorpora en tiempo real.

Los grupos de interés (stakeholders): hay que plantearse cómo se van a incorporar al proyecto: ¿continuamente?, ¿solo en el momento inicial?, ¿en momentos concretos? La metodología de desarrollo ágil requiere una mayor participación del cliente. Los clientes están muy involucrados en las primeras etapas del proceso de desarrollo del software cuando emplean la metodología tradicional. Más específicamente, su entrada es necesaria durante la fase de recopilación de requisitos, ya que deben proporcionar una descripción detallada de cuáles son sus requisitos con respecto a la aplicación de software que se desarrollará y cómo la visualizan para funcionar. Sin embargo, tienen una participación limitada después de que se inicia el proceso de desarrollo del software, además de asistir a reuniones de estado, hacer revisiones y proporcionar aprobaciones. Por lo general, pueden ver el producto en su totalidad después de completar un ciclo de vida de desarrollo del software.

Por el contrario, los clientes están muy involucrados en cada etapa cuando emplean el proceso de desarrollo ágil. Pueden revisar la aplicación en cada fase y hacer sugerencias para mejorar. Como resultado, los clientes están más involucrados en todo el proceso de desarrollo, a su vez asegurando que estén satisfechos con el producto final.

Riesgos y costes: ¿es posible controlar los riesgos conforme vayan surgiendo o debe haber una planificación detallada de los mismos?

En resumen, podríamos decir que conviene aplicar una metodología predictiva o en cascada cuando se tiene claro lo que hay que hacer y cómo.

Las metodologías ágiles, por su parte, son adecuadas cuando se trata de descubrir lo que hay que hacer y de qué manera.

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