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Museos y Pokémon Go: una reflexión

20 julio, 2016, en Arte, Comunicación Cultural, Exposiciones, Museos, Patrimonio por Ignacio Granero
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La irrupción de Pokémon Go está planteando un problema que aparece periódicamente en los Museos: ¿cómo deben reaccionar las instituciones culturales ante el uso masivo de las TICs (y sus accesorios) por parte de su público? ¿Cuál es la posición del Museo respecto a las tecnologías más novedosas? Sucedió en su día con la prohibición o no de hacer fotos, primero con las cámaras digitales y luego con los móviles; se produjo más tarde con el uso de los palos-selfie; ahora con Pokémon Go, pero quizá en un futuro próximo veamos reacciones respecto a los vídeos 360ª, wearables de los visitantes, etc.

Buenas prácticas en el Museu Episcopal de Vic: el pokémon se queda fuera

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Hace sólo una semana recopilé cómo se estaban relacionando los Museos y espacios patrimoniales con el videojuego de Pokémon Go. Después de observar el comportamiento de instituciones culturales y usuarios hacia el tema de Pokémon Go una semana más, veo que se están dando dos tipos de respuesta mayoritaria:

  1. Instituciones que publican en sus Redes Sociales fotografías de Pokémon Go dentro de sus espacios y muy especialmente en torno a algunas de sus piezas expuestas.
  2. Usuarios que se quejan de que las instituciones culturales se han apuntado al fenómeno de Pokémon Go sin ningún tipo de reflexión ni de estrategia.

Para responder a estos comentarios y estas acciones, primero voy a volver a mi anterior artículo. Allí había apuntado que, desde mi punto de vista, estaba de acuerdo con la utilización por parte de las instituciones del videojuego Pokémon Go como un reclamo. Eso sí, siempre que no fuera contra el decoro del edificio o del tema del museo (como pasaba en el Museo del Holocausto) y mientras se encontrase “un equilibrio adecuado entre el divertimento del juego y la experiencia de la visita cultural”. También escribí que esperaba “que las salas de exposiciones estén libres de pokémon, para no afectar ni al público ni a las obras expuestas”. Me reafirmo en ambas ideas.

Pokémon Go en el The American Museum of Natural History

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Creo que para encontrar el equilibrio hay que tener claro en qué se ha transformado la institución del Museo desde los años 70 del S. XX. Lo que antes era un edificio destinado casi en exclusividad a exponer y coleccionar obra, se fue convirtiendo en una institución que ha ido ganando en servicios públicos y en actividades variadas para ser más interesante para sus visitantes y complementar la experiencia cultural. Así, los Museos abrieron su tienda, librería, restaurante, auditorio, salas polivalentes, instalaron wifi, etc, en paralelo a las salas de exposiciones. Los Museos también se han encargado de diseñar –o de aceptar- actividades relacionadas con la propia exposición o que no tienen que ver con el Museo. Dentro de estos últimos ejemplos (nos gusten o no), encontramos jornadas de bailes grupales, convocatorias de instagramers, conciertos, etc, que también funcionan de señuelo para nuevos públicos.

Mientras que en todos los espacios suplementarios antes mencionados existen unos ritmos más relajados y se aceptan unas formas diferentes de comportamiento del público, en las salas de exposiciones los gestores se preocupan de que se mantengan unas mínimas reglas que ayuden a:

  1. La conservación de las obras, ante todo.
  2. La comodidad del público que ve la exposición.

Todo lo que no obedezca a estos dos sencillos preceptos, debe suceder en los múltiples espacios abiertos al público que tiene el Museo. Según este planteamiento, se puede jugar a Pokémon Go en el Museo y se puede utilizar como gancho para un nuevo perfil de visitante, pero no en las salas de exposiciones, en lo que no se debe perturbar a los visitantes y –lo más importante- a las obras. Del mismo modo que no se puede colocar el restaurante del Museo o el guardarropa en medio de las salas. Hace poco ya vivimos otra minicrisis relacionada con acciones poco recomendables en los Museos: la prohibición de los palos de selfie en las salas, ante protestas de visitantes y daños a obras.

El Museo Nacional de México invita a cazar pokémons

Por otra parte, se debe revisar qué papel están jugando algunas instituciones con la irrupción de Pokémon Go. Ya son decenas de Museos y espacios patrimoniales las que publican desde sus perfiles oficiales fotos de los animalitos en sus salas de exposiciones. Ninguna de ellas avisa de que después no se puede jugar en sus salas de exposiciones. Aquí se nota que muchas instituciones –por motivos diversos que no toca especificar ahora– no tienen una estrategia clara ante estas modas y se lanzan a captar la atención de nuevos usuarios. El día que haya un altercado de un jugador de esta aplicación con los visitantes y con las obras, comenzará a delimitarse dónde es posible hacer cada cosa.

El Ministerio de Cultura italiana invita a jugar a Pokémon Go en las salas de los Ufizzi

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En resumen, las nuevas tecnologías están poniendo a prueba el funcionamiento del Museo ante un público que pertenece a una sociedad que va más rápida que la institución. Para ello, el Museo tiene que definir muy bien todos sus espacios y saber dónde tiene que poner los límites entre protección de sus obras, buena atención a sus visitantes y la necesidad de atraer al público. ¿Están preparadas las instituciones culturales para este reto?

 

5 comentarios para Museos y Pokémon Go: una reflexión
  • Me ha gustado el post pero no estoy de acuerdo del todo con lo que dices. ¿Pokemon Go como gancho para visitantes? Pero no en salas con obras. ¿Y estos visitantes, después de cazar su Pokemon querrán ver las obras? ¿Volvemos a cuántos más personas entran mejor, sin importar porqué? Creo que un museo debe modernizarse y aprovechar las TIC pero seguir teniendo la difusión de la cultura como base.
    Un saludo!

    • Gracias por el comentario Teresa.
      Primero, el museo debe diferenciar los visitantes de sus exposiciones de los demás usuarios del edificio. Con todos los sistemas actuales de entradas es muy fácil de determinar.
      Segundo, ¿todos los que acuden a la cafetería del museo, o los que van allí porque hay wifi, o los que asisten a un concierto o a una representación teatral en el museo, visitan las exposiciones? Al tener estos “extras” y estos atractivos, el museo no sólo llega a más personas, sino que son las personas las que llegan físicamente al museo. ¿Los cazadores de pokémon querrán ver las obras después de jugar? Ahí está otro de los retos de las instituciones para conseguirlo.
      Salaudos!!!

      • Gracias por la rápida respuesta!
        Coincido ahora. Me refería a que no se tuviera en cuenta sólo el número de visitantes. Y en cuanto a si los “pokemongojugadores” entrarán a visitar las obras creo que será un reto grande. Veremos!

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